El macho alfa

El sol caía a plomo como una dama que, con la mano rozando su frente, deja flácido su cuerpo con la esperanza de que algún apuesto caballero le recoja en sus brazos antes de llegar al suelo.
Pero ya no quedan caballeros, así que los rayos rebotaban contra el pavimento devolviendo una bruma caliente que desfiguraba los contornos, y las figuras parecían desvanecerse en el pesado aire. Eso y que, después de siete días sin ingerir alimento alguno, sus ojos no atinaban a enfocar mas allá de los barrotes.

Desde el interior de la jaula las cosas se veían diferentes, como un puzzle de piezas rectas y verticales, fácil de resolver pero tan velozmente cambiante que no le daba tiempo a organizar la escena antes de que ésta se hubiera transformado en otra. Y vuelta a empezar. Tampoco tenía otro recreo excepto el enorme neumático colgado del techo pero, después de aterrizar en el bebedero, había desistido de volver a columpiarse.

Y las uña. Las tenía extremadamente sucias, con restos de excremento y paja que junto con el sudor de sus manos componían un pastoso potingue que le irritaba los ojos cuando se desperezaba por las mañanas. Y durante el día, con el extremo afilado de un largo palo que le servía a su vez para defenderse, se entretenía en limpiarlas mientras trataba de recordar cómo había llegado a esa lamentable y drástica situación.

Arthur, el vecino de la jaula contigua lo miraba a menudo con cara de pocos amigos. Era un chimpancé fuerte, con la arrogancia que da la juventud, y se permitía retarle cobijado por la distancia que mediaba entre los dos habitáculos. Pero lo que al principio le pareció divertido se había convertido en una situación molesta para su avanzada edad y sólo mostraba una sosegada indiferencia hacia las provocaciones de su inmaduro adversario.


Recordó que, cuando lo aceptaron en el zoo, exhibía orgulloso un aire de galán conquistador que conservaba desde aquellos tiempos de juventud en los que el departamento de zoología de la facultad se había convertido en su segundo hogar, gracias a su inusual inteligencia. Desde el primer día le acompañó aquella voluptuosa pelirroja de grandes ojos negros, de mente lúcida e ingeniosa, que si bien no le parecía demasiado guapa, le resultaba tremendamente sensual. A veces su ardiente y acelerada imaginación la recreaba en su querida selva, sobre la rama de un enorme árbol, mostrando desafiante su encendido trasero para atraer de manera fulminante al privilegiado macho alfa.

Y allí estaba ahora, agarrado a los barrotes mientras balanceaba su cuerpo con una cadencia casi perfecta.

Varias personas, entre las que se encontraba un eminente zoólogo de la Universidad de Málaga al que había conocido años atrás, intentaban alimentarlo arrojando cacahuetes, fruta y alguna galleta, y aunque sólo algunas de las viandas lograban alcanzar su objetivo, tampoco le importaba mucho. Ajeno a todo, su aturdida mente iba entrando en un túnel sinuoso que hacia cerrar sus ojos en periódicas sacudidas.

Sólo tuvo tiempo de mirar fugazmente a su vecino Arthur antes de perder el conocimiento.

El estridente sonido de la sirena le hizo reaccionar.

El bote de suero colgaba por encima de su cabeza balanceándose de un lado a otro atendiendo a las pronunciadas curvas que dibujaba la unidad móvil.  Una hermosa enfermera le tomaba la tensión mientras le dedicaba una tierna sonrisa. Él le respondió con otra, mucho más salvaje y sensual, como sólo saben poner los machos alfa en época de celo.

¿Dónde estoy? preguntó. Pero su débil voz no obtuvo respuesta.
Aún trataba de recordar cómo había llegado a esa lamentable y drástica situación.

Después de varios días en el pabellón psiquiátrico su estado mejoró notablemente pero, cada vez que su anciana esposa le dejaba sólo, cerraba los ojos con fuerza y su mente, libre al fin, se adentraba entre los árboles de los frondosos bosques tropicales en busca de una respuesta, o de aquella voluptuosa pelirroja.
Nunca lo sabremos.

Copyright texto y fotos: F. Javier Linares

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Acerca de Javier Linares

Fotógrafo independiente Freelance photographer Blog: javierlinaresfoto.wordpress.com Web: www.javierlinaresfoto.com y http://javierlinares.jimdo.com/ Instagram: http://instagram.com/javierlinaresfoto/ Correo: javierlinaresfoto@gmail.com +34 606 504 757 Ver todas las entradas de Javier Linares

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