Archivo mensual: julio 2011

El cosquilleo

Cada bajada le sacudía la boca del estomago con un intenso y desconocido cosquilleo . Y de nuevo se elevaba hasta el cielo en su rotatorio ciclo.

Al principio le asustó un poco pero pronto se acostumbró  y el vacío que succionaba sus entrañas se transformó en un placentero hormigueo. Se animó a levantar los brazos incrementando así el efecto, y el picazón, subiendo en espiral por el esófago, salia por su temblorosa boca en forma de grito contenido. A los pies de la noria, nadie le quitaba el ojo de encima mientras sostenían las patatas fritas, dulces de algodón y demás chucherías  que instantes antes habían consentido en comprarle, a pesar de haber merendado ya. Pero estaba tan entusiasmada en su viaje iniciático al asombroso mundo del ferial que no dudaron en comprarle otro ticket. Y ya iban tres.

Y arriba de nuevo para volver a bajar y así, tantas veces, que le vinieron unas incontenibles ganas de miccionar.

Elena era consciente de que no controlaba muy bien sus esfínteres así que en cuanto puso los pies de nuevo en el suelo salió disparada entre el gentío buscando un lugar donde evacuar.

Pronto le perdieron de vista.

Sin darse apenas cuenta se vio inmersa en medio de un fascinante escenario digno de Alicia y su país de las maravillas. Una amalgama de voces, sirenas y música estridente conformaban un mantra que se introducía en sus oídos aislándola de cualquier otro estimulo. Y las luces. Había de todos los colores del arco iris. Centelleaban incesantemente y la  hipnotizaba de tal manera que entró en un estado de confusión mental del cual no  quería despertar y que le llevaba de un lado para otro observando todos aquellos gigantes de largos brazos que, con sus inagotables aspavientos, arrancaban risas y chillidos a todos lo que se  atrevían a subir en sus  monstruosas extremidades. Y los caballos, el mono enano, la casa de los horrores, los enamorados…

Era sin duda uno de los mejores días de su vida.

Tras un largo y angustioso rato buscándola sin éxito tuvieron la gran idea de volver a la noria. Y allí estaba, acababa de bajar, y por sus piernas chorreaba la orina que no había podido contener por más tiempo.


Se quedó dormida en el coche.

Ya en su cama, miró con pena a su compañera de cuarto que permanecía atada a la cama, por que al caer la noche, cuando La Residencia ahogaba su dolor y su soledad en el silencio de las sombras, su cabeza inventaba engendros esperpénticos que venían a llevársela.

Elena casi no durmió esa noche, ni las siguientes. Se limitaba a sentarse en la cama y levantar los brazos todo lo que la artrosis le permitía, y esperaba, y esperaba, hasta que le vencía el sueño. Por el día contaba las horas que faltaban para el domingo, día de salida, y apretaba su mano contra la boca del estómago recordando aquel intenso y desconocido cosquilleo.

© F. Javier Linares, 2011

Anuncios

Me autorretrato mas me autorretracto

Me autorretrato…

(por Javier Linares)

Me autorretracto…

(por Ivan Malevosky)

Si empezamos de arriba a abajo soy bello (no podríamos decir lo mismo si lo hiciéramos al revés),

si apartamos la selva en extinción, el disfraz contra la muerte,

el craneo, soy un animal bello.

Oscuramente bello y extraño.

Eso es lo que pienso de mí y sí, es demostrable;

aunque no soy el centro del mundo el mundo gira en torno a mí,

pese a quien pese.

Vistamos ese craneo de vida. Traspasemos la futura calva.

Dejemos la abstración también a un lado: Soy un animal curioso.

De mis ojos se han dicho maravillas (yo juraría que son cuencas mal adornadas), de mi boca tan sólo hay que probarla, de mis oídos que son una máquina perfecta que a veces bien parecen unos hombros para llorar, oreja y lóbulo aparte. De hecho mis hombros no sirven tanto para eso.  Ni casi para sostener esta cabeza no tan pensante. Son hombros finos. De mis hombros y mi torso se han dicho necedades; las han dicho mi abuela, mi tía, su marido, mi tío, su mujer, mi jefe, su hijo, casi todos lo han dicho menos mis amantes, mi madre, mis hermanos o mis amigos. Me estoy desviando del tema principal:

me autorretracto de lo que dijera tantas veces.

Mi espalda no ha perdido su cisne.

No hay nube grís.

Todo estoy bien dispuesto.

Y si, definitivamente si, valgo la pena;

no soy un cáncer como dije,

no soy la muerte, como dije,

ni soy un tumor de los que matan así que mundo:

deja que me expanda.


La historia del arte me salve

y me tenga en su gloria, para siempre.


© Texto: Ivan FS Malevoski Luca, 2011

© Foto: F. Javier Linares, 2011


¡¡¡Arde Cenes!!!

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

El fuego azota de nuevo Cenes.

En otras ocasiones, y en las circunstancias de bonanza del ladrillo que se llegaron a dar hace ya algunos años, la razón parecía obvia: conquistar terreno para suelo, en un futuro, urbanizable. Pero en esta ocasión, y por desgracia como en otras, parece que la razón está mas cerca del maldito descuido o de la desgraciada ignorancia de algún burro aburrido que desconoce la importancia de preservar el poco monte que nos queda libre de hormigón armado.

Así que, otra vez, como cada año, el fuego asoma para cambiar el paisaje de un pueblo, puerta de Sierra Nevada, que ya fue machacado a base de cemento y arena.

Por motivos familiares he tenido que hacer las fotos desde la terraza de mi casa; esta vez el fuego ha venido a mi. El sol caía a plomo a las cuatro de la tarde, circunstancia poco idónea para la práctica fotográfica, y la limitación de movilidad se dejaba notar, pero las cosas ocurren cuando están previstas en la agenda cósmica y por lo menos en esta ocasión los tragos de cerveza bien fría hacían olvidar, casi por completo, los hándicap que se me habían asignado para esta ocasión.

Espero no tener que volver a subir fotos de incendios.

© F. Javier Linares, 2011


Incendio en Cambil

El olor a quemado me puso sobre aviso pero hasta que no empecé a oír las explosiones no me asomé a la terraza. Entonces descubrí una columna de humo que provenía de la parte baja de Cenes, justo debajo de mi casa. Una nave de Viveros Cambil estaba ardiendo. Así que cogí la cámara y recordando mis tiempos de fotoperiodista bajé corriendo para dar constancia de lo que acontecía. Llegue de los primeros y hasta que la policía nos desalojó pude sacar algunas imágenes. Aquí están las que me parecen más interesantes. Lo mejor: no ha habido ningún herido; los daños materiales, ya se repondrán.

Periódicos de Granada, periódicos de Andalucía, agencias todas….. ¡busco trabajo!

© F. Javier Linares, 2011


De largo

Hacía sólo unos minutos que deambulaba refinada y elegante, ajena a las miradas de los vulgares transeúntes.

Le gustaba ir de largo, por eso, cuando entraba el verano, caminaba con la cabeza bien erguida, como mirando por encima del hombro, evitando así la espeluznante visión de todos aquellos chuchos, esquilados como ovejas, con ese ridículo mechón de pelo coronando el rabo.

Antes de salir, y desde debajo de la cama, observaba a Marta en su ritual diario. Frente a un enorme y barroco espejo, ésta se probaba al menos siete modelos antes de decidirse, y cada uno de ellos con sus correspondientes zapatos y complementos.

Después, como todos los días, su encantadora ama le cepillaba durante más de media hora y, mientras, aturdía su esbelta cabeza con sus historias de moda y glamur, y le intentaba convencer de lo divina que estaría con el pelo más corto y un gran lazo rosa en el cuello, como si llevara un ligero y sutil vestido estival. Pero ella sabía que su belleza era natural y no necesitaba de ninguna frivolidad para destacar entre los demás caninos. Además, sólo el gélido y metálico olor de las tijeras le producía un escalofrío incontrolable que le erizaba el rabo y le hacía aullar como un lobo asustado.

Ya en la calle, aprovechando un descuido, se escapaba para correr tanto como sus estilizadas patas le permitían. Le gustaba imaginarse como una dama salvaje vestida de largo que, con la melena al viento y sorteando el bosque de piernas, llegaba hasta el extrarradio para encontrase con su sabueso caballero. Luego, aminoraba el paso y exhibía orgullosa su copiosa mata de pelo.

“Creo que esperaré aquí, junto al camino de vuelta. A Marta le aterroriza volver sola al atardecer.”

“Y esto no es un vestido” pensó recreándose en su distinguido pelaje.

Copyright texto y foto: F. Javier Linares


A %d blogueros les gusta esto: