Archivo mensual: junio 2013

Protegido: Ignacio y Marcos (solicite contraseña)

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El fin de los días

Se adentró por el barrio chino sin rumbo fijo.  Buscaba cualquier sustento para contener los gritos que emitía su hinchado estómago.

De golpe, se había convertido en un adulto de seis años y una enorme sombra, que albergaba la apatía de quien ya no espera nada, ni bueno ni malo, se asomaba por su mirada entumecida e indiferente.

Un silencio aterrador reinaba en las calles.

A pesar de la tensión contenida, no había disputas y nadie culpaba a nadie; tampoco servía de mucho. Todos se limitaban a sobrevivir sabiendo que ése podría ser el su último día.

Hacía semanas que el sol habia desaparecido bajo una luz plomiza cubriendo todo de un gris pesado y asfixiante.

Caminó durante todo el día. Era importante encontar un refugio donde pasar la noche.  Las fuerzas de la naturaleza jugaban al hazar dejando claro quien manda y el calor, inusualmente insoportable, hacía lo fácil dificil y lo dificil imposible.

Los perros ahuyaban como lobos buscando su luna.

Ni en la mas siniestra de sus pesadillas habría podido imaginar aquel inquietante mundo. Sus inocentes ojos tenían la desgracia de ser testigos de los horrores que el ser humano puede desencadenar por el sólo hecho de anteponer su naturaleza destructiva y egoista a cualquier juicio racional.  Pero se sentía afortunado, estaba vivo, sólo pero vivo.

Cuando vio aquella rata se asustó un poco pero recordó la frase que su padre siempre le repetía: “el mundo es de los valientes”.

La cogió en sus manos y con sus pequeños dedos comenzó a golpearla ritmicamente en el pecho con la esperanza de devolverle el aliento. Al instante, el pequeño roedor abrió, grandes, sus redondos y negros ojos. xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxX

Un grito desgarrador partió la noche en dos. Su madre corrió como alma que lleva un hijo.

– ¿Ivan, estas bien?

– Si,  es que la ratita…

– Aqui no hay ninguna rata cariño.

Secó el sudor de su frente, lo besó y lo arropó con ternura.

Ya en la cama, volvió a oir a Ivan en la lejania:

– Si que la hay mami, está dentro de nosotros esperando que llegue el fin de los días.

©Texto y fotografía: Javier Linares


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