Qué es…?

En esta sección podéis encontrar una serie de definiciones y relatos cortos creados a partir de las respuestas a preguntas formuladas en mi muro de facebook y que mis amigos han tenido a bien ir contestando, aportando así su particular visión. Por tanto, es una merecido homenaje a todos ellos.

LA MAGIA
Un relato corto de Mac Ewbos, Luz Rodríguez, Lucía Gámez, Sylvia Castillo Clambor, Roció Linares, Loli Saiz, José Carlos Comino FdezdeCañete, Juan Galdo y Javier Linares.

Aquello no podía ser real, o era producto de su imaginación o estaba soñando. Pero el caso es que estaban ahí, miles de personas justo delante de sus ojos, llenando aquel inmenso auditorio y esperando a que empezara el concierto.
No era el primero pero siempre le entraba un gusanillo en el estomago antes de tocar y una vez que empezaba esa incomoda sensación se iba desvaneciendo. Pero ese día era distinto. Nunca imaginó que tocaría sus canciones delante de tantísima gente. Era sorprendente, como un truco de magia.
Cristina nunca fue demasiada beata pero siempre tenía fe y la magia es como la fe, pero sin connotaciones religiosas. Ambas nos incitan a creer en algo que sabemos de lejos que no existe. La diferencia es que la magia, incluso sabiendo que es un truco, consigue dejarnos con los ojos como platos y una sonrisa bobalicona.
Y así se había quedado, paralizada como una estatua incapaz de deslizar ni un sólo dedo sobre el mástil de su guitarra, una Fender Telecaster de imitación, pero bastante buena.

El público empezó a dar palmas, cada vez más fuertes y el ritmo iba aumentando a la par que los silbidos y los gritos invadían el escenario y penetraban en Cris con tanta fuerza que sus manos, inconscientes, se apretaron contra sus orejas creando una especie de vacio interior.
El eco de las voces rebotaba en su cabeza. Cerró fuertemente los ojos y meditó ajena a todo aquel estruendoso momento: “la magia es una forma de pensar, es lo mismo que la ciencia pero con caminos diferentes a las conclusiones, siempre incompletas. Es una forma de forzar la necesidad de maravillarse ante tanto e interminable misterio que es la realidad”.

Cuando eres un niño miras a tu alrededor, sonríes y puedes, más o menos, creerte lo que ves.
Pero con 17 años la cosa cambia. Así que abrió de nuevo los ojos para luego volver a cerrarlos. Lo ves, ya no lo ves. Y así durante un rato. Todavía no daba crédito a esa maravillosa visión.
Pensó que la magia es cerrar los ojos y soñar, es el poder de cambiar lo que se desea, de proyectar un sueño en materia, es el aliento frío que nos eriza el vello cuando las cosas normales pasan a ser únicas. Lo maravilloso de ella es que habita en todos y en todo; lo que la hace tan especial, es que sólo unos pocos son los que están dispuestos a recurrir a ella. Son las alas que nos permiten volar, para ser capaces de ver y creer más allá de la realidad.

Cuando abrió los ojos allí seguían, un ejército de fans coreando su nombre.
Así que, decidida a seguir soñando, cerró los ojos una vez más, agarro su guitarra con esa forma tan característica que tenia de hacerlo y comenzó a tocar. A los primeros acordes todo el público en pie levantó las manos entusiasmado pero en ese preciso instante comenzó a sonar un pitido intermitente y un cartel de alarma apareció sobre la pantalla de plasma recordándole que el mando de la Wii se estaba quedando sin pilas.

-¿Qué dices de la magia o no sé qué?
Dijo Nico, su hermanito pequeño, riendo y mirando con cara de no entender nada.

–Nada cariño, que como dice la canción ¡magia es verte sonreír! –
Le contestó.

Después de cambiar las pilas volvió a encender la consola pero esta vez cambio el auditorio por un estadio con cabida para más de cincuenta mil personas. Lo llenó hasta la bandera de una legión de seguidores enfervorecidos y siguió gozando de aquel maravilloso truco. Porque es un truco, ¿no?

LA RISA
Un relato corto de Lara Bello Dos, José Ruiz de Almodóvar, Lilia Bravo, Pepe Murcia Fotografía, Mónica Paredes, Roció Linares, Valeria Tittareli, Mercedes López Rubín, Rosario Torralbo Campos, Angel Arias, María Rosa Hidalgo, Alberto Vélez Toro, Carmen linares García, Antonia Gómez Ruiz, Kati Ruiz Lozano y Javier Linares.

-¡Si no es tan difícil!, abra la boca y diga: ¡ja!- volvió a insistir el doctor casi suplicando.

Obediente aunque incrédulo, tomó aire una vez más, puso las manos en su enorme barriga y dijo:

—¡¡¡Jjjjjjjjjjjjjj, nada, que no hay manera¡¡¡. Ya se lo dije doctor, llevo intentándolo desde hace semanas y no hay forma. ¡No puedo!— dijo el anciano.

El doctor se sentó de golpe sobre su sillón y hundió las manos en su cabeza durante algunos segundos. Tras pensar, mientras ejercía un suave masaje en su cuero cabelludo, levanto la mirada y prosiguió:

-Bueno, veamos…

¡Ringg, ringg! Sonó el teléfono

-Dígame- Contesto, antes de que sonara por tercera vez.
—Hola cielo—
-Ahora no… estoy muy ocupado.- Exclamó levantándose del sillón.
—¿y qué es lo que te tiene tan ocupado, o es que no me lo puedes contar?— Dijo con cierta guasa.
-Nada, nada, un pequeño problema con un paciente-
—Pues algo será—
-eeeh, la risa…- Contestó.
—¿Larisa? ¿Aquella uruguaya que se destapaba sin parar en el Mundial de Sudáfrica, para ver si despistaba a los contrarios de su selección?—
-¡Puri por dios, que esto es muy serio!
—Y tu matrimonio no, claro.—
-¡Que no es eso, vida!- Dijo condescendiente.
—Bien, bien, de acuerdo. No es lo quisiera tener en este momento de mi vida, pero te dejaré tranquilo para que puedas curar a la humanidad de todos su males.—
-Puuuri…-
¡Clang! Se oyó al otro lado de la línea.

Suspiró profundamente varias veces hasta que tuvo la suficiente fuerza para proseguir.

-En fin, tampoco es tan grave. Conozco a mucha gente que no ha reído en su vida y ahí están, sanos como robles, eso sí, con una cara de amargados que les llega al suelo; no en vano, la risa es el sonido que produce la felicidad; es como un síntoma, algo así como la fiebre. Desafortunadamente nos reímos poco y, afortunadamente, pocas veces tenemos fiebre… me estoy rayando… vamos, que no es grave.-

—¡Grave no, doctor, gravísimo! Se me acaba el tiempo. ¡Tenemos que encontrar una solución y pronto!— manifestó el anciano con rotundidad.

El doctor puso la mano en la barbilla y con el dedo índice iba golpeando sus labios con una nerviosa cadencia. Tras esto, se perpetró detrás de su ordenador y tecleo con avidez.
Momentos después…

-¡Aquí está! Exclamó incorporándose. -La “Enciclopedia Universal Arias”, una de las más prestigiosas y completas que haya encontrado a lo largo de mi carrera.-
—¿Y eso nos va a dar la respuesta?—
-Puede que no, pero seguro que nos da las pistas necesarias para encontrar un remedio a esta situación tan anómala-
—Si usted lo dice…— Dijo con resignación.

Después de aporrear el teclado durante algunos minutos más, exclamó:

-¡Eso es! Veamos… ummm, sí, “la risa es el sonido de millones de yelmos buscando el suelo”- dijo mientras leía pasando su dedo por encima de la pantalla. -Bueno, esta no es. A ver… sí, “la risa es el «bálsamo de fierabrás» con el que sueña todo químico verdadero”, pero usted no es químico, ¿verdad?-

El anciano no tuvo que contestar, bastó con mirar por encima de sus cejas.

-Sigamos… “la necesidad de ser ondas en un mundo de partículas”, “el sonido que produce la fuerza de la gravedad cuando se queda sin fuerzas”, ummm, ¡tiene que estar por aquí!-

Después de un largo rato susurrando lo que leía, dejó caer su cuerpo abatido sobre el respaldo con tanta fuerza que el sillón volcó hacia atrás cayendo irremediablemente al suelo.

¡Cataplúm!

La puerta del despacho se abrió enérgicamente y tras ella apareció la enfermera visiblemente asustada.

—¿Pero qué ha sido ese estruendo?, ¿Donde está el doctor?—
-Nada, nada- se apresuró a decir mientras asomaba la cabeza por encima del escritorio. -Puede retirarse; ya la llamaré cuando la necesite-

La enfermera volvió a cerrar la puerta y el doctor terminó de levantarse. Se quito la bata y la sacudió enérgicamente. Luego miró la puerta, volvió a sacudirla la bata, giró la cabeza bruscamente para volver de nuevo a mirar la puerta y grito:

-¡¡¡Eeevaaa!!!-

La enfermara entró con la mano en el corazón y respirando agitada.

—¿Que pasa ahora? —
-Pase, pase. Verá, le parecerá extraño pero, bueno, usted es una mujer muy alegre, siempre está de buen humor, esto… ¿puede decirnos que es la risa?-
—Jajajaja… Pues eso, el sonido que produce la felicidad; es el pre o el post de una sonrisa; no sabría cómo definirla pero es el mejor estado que podemos tener. Menudas preguntitas las suyas.—
-Ya, ya, pero… ¿cómo podemos llegar a esa loca demostración física de la alegría? ¿Qué es lo que hay que hacer?
—¡Vivir!— Contesto con una sonrisa en los labios.
-Su novio tiene que estar muy contento.- Exclamó nostálgico
—Sí. Casi siempre estoy sonriendo y eso le encanta, pero la que más le gusta es la risa tonta; es la que me entra cuando le veo.—
-Entiendo. Gracias Eva, ha sido muy amable-

La enfermará volvió a marcharse y ambos quedaron sumidos en un largo y tedioso silencio que sólo rompía el tic tac del reloj de pared.
Al cabo de un rato…

-Jo, pues si que estamos buenos- Se lamentó el doctor.
—¡Repita eso!— dijo el anciano
-Pues.. si que estamos buenos- repitió
—no, no, lo primero—
-¿jo?, pues…… ¡Jo!-
—¡Eso es, Jo! —
-No entiendo nada-
—Ni falta que hace, escuche: ¡¡¡jooo, jooo, jooooooooo!!!— exclamó con todas sus fuerzas
-Sí, me gusta, no es un “ja” pero tiene personalidad-

La puerta volvió a abrirse..

—¿Que ha sido ese ruido?— exclamó Eva.

-Son las endorfinas generando el maravilloso poder de la curación del alma y la conciencia.- contestó el doctor.

Aquel hombre, vestido de rojo con esa larga y poblada barba blanca, siguió ensayando durante un buen rato ante la atenta mirada del satisfecho doctor y la desconcertada enfermera, mientras una ráfaga de alegría anegaba la consulta. Luego, cogió su gorro, también rojo y rematado con una borla blanca, y se dispuso a salir pero antes se giró hacía ellos y dijo:

¡Jooo, jooo, jooo, joooooooooo! ¡¡¡Feliz Navidad!!!

Ya en su casa el anciano, se sentó frente a la chimenea, apartó unos cuantos juguetes que descansaban sobre la mesa y escribió:

“Querida y mágica risa, ¡¡¡Bienvenida!!! Hace tiempo que esperaba tu visita; siempre, y a cualquier hora, te estoy esperando porque me entran unas cosquillitas y un no sé que por el estomago, y una especie de convulsiones, jejejeje, digo…jojojojo, que aunque parezca mentira ¡es lo mejor que me puede pasar cada día!”

Y esta es la historia de cómo este anciano, vestido de rojo con una larga y poblada barba blanca, consiguió una de las risas más personales que se conocen. Y para terminar, si me lo permitís, voy a daros una recomendación:

¡Probadlo todos! Te arruga los ojos, te abre la boca, pero te limpia el corazón, es simplemente maravillosaaaaaaaaaa……..

¡¡¡Jajajajajajajajaja, digo… jojojojojojojo!!!

Fin

LA NOSTALGIA
Un relato corto de Pepe Murcia Fotografía, María Rosa Hidalgo, Patricia Lupiáñez, Valeria Tittareli, Sylvia Castillo Clambor, Eduardo Carranza, Lilia Bravo, Carlos Javier Márquez Quintana, Mar Palomino Ruiz, Roció Linares, José Ruiz de Almodóvar, Carmen linares García, Ignacio Jiménez, Antonia Gómez Ruiz, Rosario Torralbo Campos, Luz Rodríguez, y Javier Linares.

El paisaje cruzaba ante sus inocentes ojos casi sin darle tiempo a reconocer las alargadas figuras que se recortaban sobre aquel horizonte bañado de oro por el inminente ocaso.

A pesar de su corta edad, ya había experimentado ese efecto alguna vez, pero no a esa velocidad. -¡Trescientos kilómetros por hora!- había podido escuchar a dos enamorados cuyos corazones iban, seguramente, igual de acelerados a juzgar por los achuchones que se profesaban. Aunque no entendió muy bien eso del ave.

Pero su preocupación era otra desde que subió a aquel vertiginoso tren. Un sentimiento nuevo e indefinido para él se había apoderado de casi todos los pasajeros y sin poder remediarlo su pequeño y frágil corazón también se había contagiado. Y ahora, su único deseo era pararse, en algún momento, guardar silencio y mirar hacia atrás con los ojos cerrados y, así, abrir el cajón de los recuerdos dulces.
Así que decidió investigar que era ese sentimiento que le abría un hueco en el alma, como cuando se recuerda con cariño lo que alguna vez se tuvo, algo así como una alergia pero al revés, y dando un salto se aparto de la ventana y se acomodó acurrucado sobre una pequeña manta que alguien había dejado por olvido. De esa manera podría oír las conversaciones de los pasajeros que iban subiendo y bajando en las distintas estaciones. Y que conversaciones…

Algunos decían que echaban de menos el olor a potaje de su madre cuando entraban a su casa después del colegio, o ver La Bola de Cristal los sábados por la mañana con su hermanita en pijama.

O aquella adolescente que, escondida tras los asientos lejos de los oídos de sus progenitores, confiaba el secreto a sus amigas:

– … sus ojos, sus manos y su voz… él y solo él…

Una sonrisa afloro a su rosto cuando oyó la conversación de dos marchosos cuarentones:

-¿Recuerdas los tiempos en que tú y yo improvisábamos “playbacks” de canciones de Tequila con una guitarra recortada en un trozo de madera…? ¡Y lo bien que nos salían los punteos!-

Pero sobre todo le sobrecogió lo que una hermosa muchacha comentaba con un chico más o menos de su edad:

-Una descarga me parte el corazón, querido primo; me lo revienta de dolor cuando pienso en los abrazos de papá y mamá, y luego una descarga de felicidad me parte la garganta a carcajadas cuando pienso en nuestros veranos, los seis en bicicleta, jugando con arcos y flechas y esperando que terminarais vuestra jornada de “caza” para comer juntos… es la montaña rusa que juega con mi corazón.-

Había un cariño especial entre ambos.

Hasta que, por fin, pudo oír la palabra que identificaba ese sentimiento común a todos ellos, incluido él mismo:

-Un sentimiento necesario, hijo mío.-

Decía un padre a su hijito sentado sobre sus rodillas.

-La nostalgia es hija de la memoria del pasado y el tiempo; es el “vacío” que deja el ángel que desaparece de nuestro rostro y nuestra alma con el pasar del tiempo. Es socia del Club de Peter, jajaja…. Para encontrarla, sólo tenemos que proyectarnos en el pasado, como en un espejo y, aparecerá.-

Entonces pensó:

-Lo que siento es nostalgia; es la sombra de lo que extraño, cada día; la ausencia de todo lo que formó parte de mi vida.-

Al instante, se alegró de haber tenido o vivido muchas cosas buenas y poder mirar hacia atrás, y por supuesto de tener un sentimiento de encanto ante ese recuerdo ausente.

La voz que provenía del techo del tren anunció la próxima estación, y sin pensarlo dos veces volvió a dar un salto, mucho más grande que el anterior y se situó, preparado, justo delante de la puerta. Tenía bien claro lo que debía hacer.

Cuando las puertas se abrieron se apartó hacia un lado y esperó unos instantes… esperanzado… y… ¡sucedió!
Emocionado y nervioso, pego un salto aún más grande que los anteriores y se agarro fuertemente a la cola de una perrita labrador que pasaba en ese preciso instante.
En pocos minutos dejaron el tren muy atrás y, algo más relajado, hundió su cabeza en la piel tierna de aquella perrita y succionó ávidamente mientras su pequeño y frágil cuerpo se hinchaba como un globo llenándose de fresca y dulce sangre.
Recordó, sin mucha nostalgia, el momento en que, por un terrible error, había saltado a aquel abrigo de visón que le llevó directo al tren mientras gritaba -¡esta tiene miga!-, y pensó:

-Bueno, en cuestión de nostalgia, cada uno tiene sus talgias, jejeje.-

Y siguió succionando…

Dicen por ahí que no hay nada peor que sentir nostalgia de algo que nunca ocurrió… y es cierto, os lo aseguro…

Fin

EL ODIO
Un relato corto de Pepe Murcia Fotografía, Sylvia Castillo Clambor, Alicia Giménez Calvo, Nagore Iraola, María Hernández, Carlos Javier Márquez Quintana, Valeria Tittareli, Angel Arias, Mac Ewbos, Luz Rodríguez, Eviya Olita Hoppy, Rosario Torralbo Campos, Jesús Cano Henares, José Ruiz de Almodóvar, Carmen linares García y Javier Linares.

-¿El odio? jajajaja… Buena pregunta; estamos a miércoles y ya hemos acumulado la suficiente mala leche para responder a ello… pero yo tengo que meditarlo… jajajaja… vuelvo en un rato.-

El alumnado quedó atónito mientras el Dr. Ochoa, titular de la cátedra de filosofía, abandonaba el aula para dirigirse hacia su segundo hogar, la tasca de la facultad. Todos, excepto los repetidores, que ya conocían la afición del profesor por el vodka, se miraron con extrañeza, y alguna risa nerviosa rompió el silencio que reinaba desde su repentina huida.
Al cabo de un rato, el justo para aclarar su garganta y alegrar su espíritu con tres o cuatro chupitos, la puerta de la clase volvió a abrirse.
El Dr. Ochoa ya era un veterano y conocía de sobra la tarima en la que se situaba la mesa del profesor, pero aún así no pudo salvar el escalón y tropezó cayendo de boca sobre el filo del tablero. Cuando consiguió levantarse se recompuso la chaqueta, estrechó el nudo de su corbata y prosiguió:

-Bien, tenemos dos, uno a cada lado de la cara, …hip, y nos sirven para oír, en estéreo, junto a la raniz y los jojos, y la coba, ….hip, son órganos fundamentales ubicados en la baqueza y con ellos eschucamos los sonidios…-

Dicho esto se desplomó sobre Laura, la impresionante morena de la primera fila.
Sorprendentemente nadie le ayudó y tuvo que deshacerse ella solita del pesado y viejo cuerpo del profesor. Todos la odiaban pero aún desconocía la razón. Quizás no había un solo motivo sino un conjunto de malos sentimientos, envidia, maldad, coraje, desamor… muchos, y todos negativos, obvio. Pero el caso es que la odiaban.

Laura pensaba que el odio es la defensa de los débiles como resultado del olvido de quiénes somos y hasta donde podemos llegar manifestando amor. En cualquier caso no dejaba de ser un “defecto humano” provocado por otro defecto mayor, la intolerancia, pero como somos como somos, seres maravillosamente imperfectos, no aprendemos y a pesar de todo ello volvemos a sumergirnos en él, como el amigo indeseable que todos tenemos al que, de vez en cuando, no podemos evitar invitar a tomar café. Un sentimiento de rechazo y aversión hacia personas o cosas. Algo innecesario pero ineludible.
El caso es que siendo una de las chicas más atractivas de la facultad, amén de su impecable y bondadoso comportamiento hacia los demás, el odio, el peor enemigo del corazón que nos anuda los intestinos y nubla la razón, había ganado al amor y nadie, absolutamente nadie, se hacía eco de la presencia de la joven.

El sol alargaba las sombras de los edificios y dejaba paso a una brisa plomiza que apenas refrescaba el ambiente enrarecido de esa tarde de sábado. Es como si el odio, como un látigo invasor, se hubiera apoderado de todo inundando el ambiente de un fétido efluvio. El odio puro, en términos absolutos, es moralmente neutral, ni bueno ni malo pero adulterado con la estupidez, la ignorancia, la envidia, etc., el odio apesta.

Mientras se pintaba los labios, aprovechando los últimos destellos del astro rey, repasaba mentalmente todos los posibles garitos donde esa noche podría lucir su imponente palmito.

A la entrada del pub, varios compañeros de clase charlaban animadamente mientras extraían las últimas nubes de humo a sus cigarrillos, ¿qué sería de un filósofo sin su cilindro nicotínico en la mano? Al pasar por delante un silencio frio y distante se adueño de la situación.
Pero Laura ya estaba acostumbrada así que sin darle importancia entro sin desviar la mirada del oscuro interior.
Al fondo, en una mesa apartada de las demás y pobremente iluminada por una bombilla pintada de rojo se adivinaba la silueta del Dr. Ochoa. Ni lo pensó ni dejó de hacerlo, simplemente sus piernas, sin gobierno alguno, la guiaban directamente hacia aquel rincón como si el futuro estuviera ya escrito y nada pudiera hacer para evitarlo. Y nada hizo. Mientras avanzaba se preguntaba si el profesor también la odiaba aunque se consolaba pensando que por lo menos ese sentimiento esta a un paso de distancia del amor.

Hablaron durante varias botellas de vodka y parecían tener un único tema de conversación: el odio. Que si podría ser lo contrario del miedo pero sólo es un componente de él, que si podría ser lo contrario del amor pero se puede odiar lo que se ama y que se odia cuando no se comprende, y que se odia como defensa, y que se odia por frustración e impotencia… Que si los animales no odian; que si el odio proviene de nuestra razón o más bien de nuestra razón herida y así es la rica complejidad de la emoción humana y que es un indicador del aprendizaje como especie y como individuos, bla, bla, bla. Hasta llegaron a decir: -el odio es un corazón podrío dentro de un cuerpo de caca con la mente atrofiá-, pero esto fue aproximadamente en la tercera botella.

Acabando la cuarta el Dr. Ochoa se levantó agitado y mirando fijamente a Laura le dijo:

-¿El odio?, no me lo han presentado, no lo conozco ni quiero. El odio es solo miedo, es rabia, es ira, es frustración por no aceptar o no comprender algo que nos es dado, es dolor, sí, es algo que nos duele desde las entrañas y es duro… Es un sentimiento como otro cualquiera.-

Acto seguido, cogió su chaqueta y abandono el pub como alma ebria que lleva el diablo.

El cementerio de la ciudad se situaba entre la calle Diez Negritos y el Parque Municipal Rayuela y la puerta de entrada estaba custodiada por dos ángeles de cara gótica que señalaban con sus arcos hacia el dramático cielo rojizo del amanecer.

El profesor se adentró entre las tumbas con la seguridad del que conoce el camino y lo ha recorrido tantas veces como el pasillo de su propia casa.
Detrás de un panteón familiar, las lapidas verticales se alineaban como soldados temerosos de un consejo militar. El Dr. Ochoa, con lágrimas en sus arrugados ojos, se paró ante un sepulcro de piedra rodeado de una pequeña verja de hierro fundido y cayó al suelo de rodillas abatido por el dolor.

En la lápida rezaba:
DRA. LAURA SIGÜENZA OTAMENDI
1951-1979
“El odio es la demencia del corazón”
-Lord Byron-

Lloro desconsoladamente sobre la tumba de su amada hasta que los primeros rayos de sol hicieron brillar el resplandeciente candado del panteón contiguo. Secó su estriada cara, sonrió levantando la cabeza hacia el recién estrenado cielo y se marcho camino de la facultad con la firme voluntad de volver a conquistar el amor de sus pupilos.

Esta vez no tropezó, y desde lo alto de la tarima, se recompuso la chaqueta, estrechó el nudo de su corbata y dijo:

-Por si no lo sabéis, el odio es el daño que nos hacemos nosotros mismos; no merece la pena muchachos, porque luego hay que poner parches e intentar arreglar algo que, aunque podamos restaurarlo, nunca queda como debería estar; así que amad, amad y amad malditos!!!!!!! Al fin y al cabo, el odio es todo lo que hay de nosotros en los demás.-

EL INFINITO
Según María Rosa Hidalgo, José Ruiz de Almodóvar, Gregorio Reche, José Manuel Domingo, Fulgencio Granada, Lilia Bravo, Sylvia Castillo Clambor, Valeria Tittareli, Antonia Gómez Ruiz, Alberto Vélez Toro, Carmen linares García, Luz Rodríguez, María Pino, Rosario Torralbo Campos, Roció Linares, Mercedes López Rubín, Kati Ruiz Lozano, Carlos Javier Márquez Quintana y Javier Linares.

“El infinito eres tú, el lugar donde me gustaría ir. Es el amor que siento por mi niña cuando me lanza una mirada cómplice.

Pues sí que estamos profundos últimamente; ¡estamos apañaos!

Y es que el infinito puede ser tantas cosas: hacia donde tiende pi (3,1416…), algo que vemos pero no llegamos ni podemos tocar, el punto más lejano que te permite enfocar un objetivo, el amor de una madre a sus hijos, mi hipoteca, y un largo etcétera, un etcétera, claro está, sin frenos, que dribla lo desconocido.

Pero en realidad el único que podría contestar nuestra pregunta es Buzz Lightyear. Así que lo llamé. Ahora está con una banda, “Moebius”, jazz fusión al estilo underground; toca el piano y contrabajo, con mucho trabajo. Últimamente se le ve con su nueva chica, “mi muñeca” como él la llama, una Bratz de piel morena y quizás por eso me diera esta respuesta:

-Javier, amigo mío, el infinito es el punto “g” al que nunca conseguimos llegar por muchos años que pasen- puntos suspensivos.

Por su parte la Bratz, después de retocarse los labios y arreglar su pelo azabache, añadió:

-Yo he visto un ocho por los suelos y me jura y perjura que él es el infinito; yo ni entro ni salgo, que se me arruga el traje.-

¡Esto es lo último! Noooooo, lo siguiente.

Pero sigamos profundizando acerca de esta cuestión. ¿Alguna vez os habéis preguntado cuántas almas caben en un centímetro cúbico? ¿Cuántos ángeles pueden bailar en la punta de una aguja? … Pienso, que es una “maravillosa pregunta más” de tantas como hay, que nos necesitamos hacer, pero… ¿De la que necesitamos conocer la respuesta?

De lo único que estoy seguro es que infinito es el tiempo que transcurre hasta que consigo ver tus ojos o escuchar tu voz una vez más……..”

Que me gusta este juego!!!!!

EL ALMA
Según Eduardo Carranza, Lilia Bravo, Fulgencio Granada, José Ruiz de Almodóvar, José Carlos Comino FdezdeCañete, Rosario Torralbo Campos, Mac Ewbos, Rocio Linares, Carmen Linares Garcia, Eviya Olita Hoppy, Antonia Gomez y Javier Linares:

“En el sentido religioso, o mágico, el alma es… estooo, buenooo……, y en el sentido humano es toda nuestra capacidad de comprender, de entender y emocionarnos al sentirnos parte de la inmensidad de la realidad y de la conexión que de hecho existe en cada ser y cada partícula del universo. Es una cualidad que nos rescata del miedo animal y que nos da paz y alegría… unos lo supeditan a la magia y la religión, y otros, no. Aunque al ser un concepto tan primitivo, casi parece más animal que humano.

En cualquier caso, el alma es una de las palabras más difíciles de definir en cualquier idioma.

Pero imaginemos a un chino enamorado con un instlumento pala matal a las pelsonas, como un revolvel por ejemplo. Algo agita su enamorado cuerpo por dentro hasta que su chica, la china, de unos 21 gramos, le abandona, y ese algo se desvanece al no ser correspondido. Entonces el chino agarra el instlumento y dispara a discreción sobre la multitud. Pero del cañón de su revolvel no salen balas sino suspiros, como las notas de lamento que salen de un instrumento de cuerda: ayyyyy…, ayyyy…, ayyy…!!!

Y es que el alma es sentir dentro de ti que tienes el amor de la persona de la que estas enamorado y sin ese sentimiento sólo eres un cuerpo más que sobrevive a duras penas, un cuerpo sin alma.
Porque ese principio o entidad inmaterial e invisible, que poseen los seres vivos y cuyas propiedades y características varían según diferentes tradiciones y perspectivas filosóficas o religiosas de las distintas culturas, hace que las cosas vayan bien, eeeeehhhh, bien difícil para sacar una definición de todo esto, pero me encanta y es todo un reto.

Así que esperaremos a que entren unos cuantos comentarios más……………… que nunca llegaran, claro.
Me parte el alma. ¡¡¡¡¿Dónde está mi revolvel?!!!!….. me lo robaron hace tiempo.”

LA FOTOGRAFÍA
Según Lilia Bravo, Eduardo Carranza, Mac Ewbos, Vanessa Salas, Alfonso Hervás, Alicia Giménez, Sam Bogue, Mercedes López, Nagore Iraola, José Ruiz de Almodóvar, Nieves Soria, Beatriz Rodríguez, Carlos Pascual, Antonia Gómez, Carlos Karlos, Antonio Casas, Encarni Villegas, Roció linares y Javier Linares.

“Con la fotografía no me atrevo, pero es necesaria, como todas las artes, y captar lo que percibes, es tan interesante, o captar lo que quieres que perciban.
La fotografía es ilusión por crear, casi como un video que recrea un momento eterno. A brief moment in time which captures your imagination/feelings, y la verdad no sé porque lo escribo en ingles, sorry. Y los recuerdos, por supuesto.
Es una forma de vida difícil de explicar a quien no la entiende, es, mi vida, un instante robado al tiempo, pasión, centésimas, milésimas de segundo personalísimas que se congelan para captar la esencia de un instante e interpretarla a tu manera con una cámara.
¿Qué es fotografía?, dices mientras clavas con la pupila tu mejor objetivo.
¡Qué es fotografía! ¿Y tú me lo preguntas? Fotografía eres tú.
Es tener la misma idea con un minuto de retraso y coger una cámara de fotos, usarla y enseñarle las fotos a tus amigos, familia, etc.
Es plasmar un instante para toda la eternidad.”
Uuufff, lo que es tener ingenio!

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